Nuestra misión es la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables.



“Plan and Market are not reconciled. On the contrary, each sets off a series of unintended and mutually antagonistic consequences.”


 

Diferencia entre revisiones de «Discurso Inaugural»

De Universidad Francisco Marroquín
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Revisión del 11:33 9 ago 2011

Discurso del rector, Manuel F. Ayau, en el acto de inauguración de la Universidad Francisco Marroquín
Guatemala, 15 de enero de 1972


Justo es reconocer que en tanto se tramitaba la autorización de nuestra Universidad los vientos que soplaron no fueron siempre favorables; por causa de ello tuvimos que esperar largos meses. Afortunadamente, triunfaron al fin el buen sentido y el juicio imparcial. Quede, pues, nuestro agradecimiento al Consejo de la Enseñanza Privada Superior.

Quiero ahora referirme a la relación entre las instituciones y la ideología de sus dirigentes, pero antes haré algunas observaciones de carácter general.

Es bien sabido que normalmente ninguno desea engañarse a sí mismo; y por esa razón trata de analizar lo que piensa con miras a evitar, hasta donde sea posible, el influjo de prejuicios, pues se da cuenta que los prejuicios conducen al error y que con medios equivocados no se logran las finalidades deseadas.

Puesto que en nuestro mundo pluralista existen muchas diferencias de opinión entre personas de buena voluntad que trabajan no sólo en beneficio o perfeccionamiento propio, o de recompensa en otra vida, sino también con sincera preocupación por el bienestar humano, debemos concluir que las diferencias de opinión no son atribuibles a mala voluntad sino a sinceras discrepancias sobre ideas muy complejas.

Generalmente se reconoce que las diferencias de opinión son constructivas mientras no degeneren en violenta intransigencia, pues la polémica ofrece la oportunidad de analizar nuestras propias convicciones, contribuyendo así a superarnos nosotros mismos, reafirmando o cambiando nuestras ideas al ponerlas a la prueba del argumento crítico. Por supuesto, quien discute con personas de mala voluntad pierde su tiempo; pero quien rehusa discutir con personas de buena voluntad pierde oportunidad de desarrollar su intelecto.

En la historia de la humanidad la libertad de criterio ha sido incontables veces defendida aun a costa de la vida. Ello prueba el valor que el hombre ha atribuido siempre a la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión ante los intentos intransigentes de uniformar coercitivamente las ideas.

Tengo la convicción que la paz social es imposible donde se pretenda imponer un criterio, aun cuando se trate de justificar la coerción aduciendo que las diferencias de opinión son en sí mismas la causa de los conflictos. El conflicto surge precisamente donde no se tolera el pluralismo de ideas, pues es respetando el derecho ajeno que se logra la paz, como afirmara el ilustre estadista mejicano.

Ahora bien, existen posturas ideológicas acerca del orden social que son mutuamente excluyentes, tales como el socialismo y la democracia liberal. Sin embargo, ambas posturas, indudable aunque no invariablemente, son defendidas por hombres de buena voluntad, y estas diferencias de opinión entre las personas necesariamente se reflejan en el carácter de las instituciones que ellas forman.

Entidades de diversa índole, universidades como ejemplo, son dirigidas por hombres que acertada o erróneamente creen en la validez de sus convicciones.

Cuando se dan cuenta que es otra teoría la que es válida, si son intelectualmente honestos, cambian de opinión y de nuevo se encuentran en la situación de defender como válidas las opiniones que en adelante sostienen como tales.

Así resulta natural que en cualquier institución prevalezca, aunque con variantes dentro de ciertos límites, una comunidad de criterios en lo que respecta a valores fundamentales, puesto que en cualquier jerarquía institucional se juzgará la capacidad de sus viejos y nuevos componentes de acuerdo con los criterios que, en general, los llamados a juzgar consideran válidos. La situación contraria sería tan incongruente como que una institución religiosa teísta estuviera dirigida por ateos o una institución socialista por liberales, creyentes en la libertad. En cualquiera de los casos mencionados, las autoridades no considerarían idóneo a quien no comparte las convicciones de la institución, por así decirlo.

Los fundadores de la Universidad Francisco Marroquín conceptuamos válidas ciertas convicciones, y aun cuando algunas de ellas son más o menos comunes a los dirigentes de otras universidades, hemos creído conveniente y necesario fundar otra Universidad. Creemos que debe existir una oportunidad de superación académica diferente de las ya existentes; una oportunidad diferente tanto en lo que respecta a la orientación administrativa y docente como en lo referente a la filosofía sobre el orden social y a la formación profesional que conducen al progreso pacífico de los pueblos.

Muchas de estas ideas ya han sido publicadas en el IDEARIO de la Universidad, pero en mi calidad de Rector debo ser franco respecto de las convicciones que personalmente sostengo. Esta declaración personal interesa por dos razones. La primera, porque por los motivos anteriormente expuestos, es inevitable que la jerarquía de la Universidad sea influida por estas convicciones y, en consecuencia, en alguna medida sirven para anticipar el carácter mismo de la Universidad. La segunda, porque al habérseme delegado las responsabilidades inherentes a este honroso cargo, tal delegación implica que la han hecho los fundadores teniendo en cuenta estas convicciones, las cuales -aunque no con perfecta uniformidad, pues podrían no ser todas compartidas por todos y cada uno- sí reflejan el espíritu en que se ha creado la Universidad, espíritu que debe ser conocido por todos los que en ella participan, ya sea como donantes, profesores, administradores o estudiantes.

Creemos firmemente en la capacidad del hombre, precisamente reconociendo la imperfección de todo lo humano, para encontrar mejor su destino en libertad pacífica y no compelido por la colectividad personificada en el Estado.

Creemos en los derechos individuales. Que la libertad y la propiedad deben ser siempre respetadas, tanto por ser innatas al hombre como porque así conviene a todo conglomerado social. No creemos, pues, que exista conflicto alguno entre los derechos individuales y el interés social como sí podría haberlo entre el interés individual y el interés general.

Creemos que ni la verdad ni la justicia pueden ser descubiertas contando votos. Creemos en la democracia, pero estimamos que el sufragio si bien es un método adecuado para averiguar cuáles son los deseos mayoritarios y para decidir asuntos de procedimiento, no lo es para descubrir ni la verdad ni la justicia.

Creemos en regímenes de derecho y no de hombres o grupos de hombres, ya constituyan éstos una mayoría o una minoría; en gobiernos de derecho basados en reglas abstractas de conducta justa que no discriminen por razón de raza, religión o posición económica y que permitan a los hombres planear sus vidas en la certeza de que los resultados de sus actos ajustados a la ley serán respetados.

Creemos en la eficacia del orden espontáneo o cosmos -como le llamaban los antiguos griegos- en el cual, actuando libre y pacíficamente, los hombres se organizan para alcanzar mejor sus fines materiales y espirituales que bajo un orden diseñado e impuesto o taxis, adoptado a propósito, y que sólo es propio de un negocio, un gobierno o un ejército.

Creemos que sólo las personas responsables pueden crear civilizaciones prósperas y pacíficas y que donde no hay libertad no florece la responsabilidad.

Creemos que sólo hay una justicia, la que consiste en dar a cada cual lo suyo, y que cualquier calificativo a la justicia tiende a causar conflictos y a destruir la justicia misma.

Creemos que una sociedad pluralista y democrática siempre dará mayores oportunidades de progreso y paz, pues en ella el único medio de adopción general de ideas es la persuasión, no la imposición; el respeto y no la violencia. En una sociedad pluralista, la múltiple y variada experimentación pacífica tiene amplio margen para suplir la falta de omnisciencia humana.

Estamos en el umbral de la tarea muy difícil y no menos importante. La juventud de nuestra patria, al igual que la juventud del mundo entero, está ansiosa de superación.

Guatemala tiene una larga experiencia universitaria. Desde que el ilustre Obispo Francisco Marroquín fundara el Colegio de Santo Tomás, el cultivo de las ciencias y las artes ha tenido su hogar en nuestro suelo y cada nueva institución de educación superior se siente obligada a contribuir a que esa larga tradición académica no se desvirtúe sino que se fortalezca y se ponga a la altura de las exigencias de la ciencia contemporánea.

Que Dios nos ilumine y nos muestre el camino de la verdad.

Concluiré haciendo una paráfrasis de unos versos que el gran poeta guatemalteco Alberto Velázquez en una ocasión escribiera:

Que Dios nos ayude a formar hombres
Hombres limpios y sin antifaz,
Que vivan una vida sin sombras,
Y que sepan decir la verdad.
Que hagan parábolas de su conducta
Y llenen de actos nobles su parquedad.
Que con manos diligentes siembren el árbol del pan,
Y fecundos, fuertes y jóvenes,
Les baste su propio afán,
Que busquen siempre la verdad,
Manteniendo siempre su humildad

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